miércoles, 9 de junio de 2010

Magaly para presidenta

No sé si soy racista por sorprenderme aún de lo bien que le va a Magaly Solier. No sé si me sorprendería menos, si a una blanquita limeña le hubiera ido igual de bacán. Posiblemente, sería más lógico y más sensato pensar que si fuera menos chola, menos serrana, los limeños entenderíamos, sin tanta mueca, el rotundo éxito que está teniendo. Magali Solier es un cometa rumbo al sol, que no se detiene, que no da tregua, que no piensa ni por un segundo que todo puede acabar en cualquier momento, ya que somos frágiles humanos. Magali tiene la mística certeza de que lejos de acabar, esto recién empieza. Tiene la mágica ilusión de que los premios Oscar son un preámbulo de algo más que está por venir.

Pero igual sigo sorprendiéndome. Me sorprende que Magaly sea ayacuchana y quechuahablante, que solamente haya cursado estudios secundarios; me sorprende que le hayan dado una oportunidad, una sola, y que haya hecho con su destino todo aquello que los simples mortales como yo sólo podemos saber por oídas. Me sorprende que Magali sea una mujer huantina, y que haya roto con todo sentimiento de sumisión que la cruel e indiferente mirada de Lima ha condenado a las provincias más alejadas de nuestro país.

¿Cómo nuestro país es capaz aún de producir seres nobles y aguerridos?. ¿Cómo nuestro país es aún capaz de albergar los buenos sentimientos, desterrando la podredumbre, el opaco resplandor de los libidinosos y corruptos, de los que babean por los ojos, ebrios de poder? Y si el Perú es capaz de resurgir a través de gente sincera y honesta, de gente valiente que no agacha su cabeza ante nadie, y si el Perú quiere ser un gran país, debe, como labor patriótica, cuidar y proteger a su juventud deseosa de sacrificarse por los intereses más altos y nobles de los seres humanos, que son la disciplina y la virtud. Como jóvenes peruanos, siguiendo el ejemplo de Magaly, debemos luchar por nuestros ideales, por nuestro respeto por toda la diversidad étnica y biológica de nuestro país. No debemos pensar que es tarea imposible, debemos ser el corazón limpio y sano de este país.

Una mujer ayacuchana, que tenía todo en contra, nos ha mostrado el camino. Talvez luchar contra el sistema es exigir que nuestros representantes tengan la misma ilusión de cambiar las cosas. Educación, salud, orden. Lucha contra la corrupción. ¿Alguien puede asumir esa agenda?

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