miércoles, 9 de junio de 2010

¿Por qué votar por Jaime Bayly?

No soy una persona sin vicios. No escribo poseído por la santidad. No quiero votar por nadie que lo aparente. Sé que al final, cuando los medios como perros de presa busquen cualquier carnecita para exhibirla en este país chismoso y maletero, los más santos se verán como lo que son, como lobos infectos, y sus máscaras de cordero caerán, aunque sea demasiado tarde.

Parecía que Jaime Bayly, después de una vida al borde de todo, de los precipicios más altos, del amor de sus padres, del exilio eterno, había juzgado que ya estaba muy viejo para las piruetas de chibolo excitado, empingado, pasional y estúpido, que cree en el amor como algo que necesariamente le debe salir al frente. Así que, en su último programa dominical, el francotirador presenta a una chibola agraciada, que seguramente todos los hombres quisieran tirársela, hasta los que se horrorizan por la juventud de esta novia casi quinceañera.

El problema no es que Jaime se tire a esta mocosa. El problema es que Jaime quiere ser presidente, y para serlo nos vendió la siguiente idea: a diferencia de todos los políticos tradicionales, yo he tratado de ser consecuente con lo que pienso, y no me ha importado nunca ir contracorriente. Y si Jaime va a contracorriente, ¿por qué hace lo mismo que todo viejo mañoso que piensa que la única manera de que la juventud no se le escape es metiéndole el pene a cuanta chibola cojuda se lo permita?, y si nuestro héroe va contracorriente, ¿por qué el espectáculo patético de exponer a su chicha para que todos nos enteremos del viejo verde que es él? Ir contracorriente, en mi absoluta ingenuidad, pensé que era defender ideas libertarias, estar a la altura de aquellas ideas libertarias, renunciar a sus apetitos personales en favor de los intereses de toda la nación.

Jaime critica a Toledo por irse de putas, tener novias jovencísimas, ser un borracho asolapado y un mentiroso compulsivo. Pero Jaime es un viejo verde asqueroso, un tonto que aún cree en el amor de adolescentes, un pervertido que quiere demostrarles a todos que siendo marica es más macho que los que dicen ser machos.

Yo era un defensor de la candidatura de Jaime Bayly, pero ahora: ¿Por qué votar por él?
En nada se diferencia de los políticos tradicionales, pues es igual de mañoso y pervertido. Me lo imagino como aquellos que se compran un Ferrari en el Perú, y piensan: cholos de mierda, muéranse de envidia. El Ferrari en esta ocasión se llamaba Silvia, y en vez de envidia causaba pena.

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